Penumbra

¿A qué hora entrás?, preguntó a la noche, cerrando cortinas, caminando inquieto.

¿A qué hora y por dónde entrás?, esperando en la salita, queriendo averiguar como hacia la oscuridad para ingresar a su casa, desde aquel día en que un poeta se lo preguntara declamando : " la noche entra en mi casa /no se por que puerta o ventana/ no se si algún gato la traía enredada entre las patas / pero entra" y en ese momento todo era luz en aquella estancia, todo era tarde y luz, mas una sombra se desplazaba detrás a la izquierda, entrando en el auditorio, creciendo.
Desde aquel día trató de encontrar el resquicio por el que se colaba la penumbra, y la noche parecía caer plenamente, de un solo golpe; vano fue cerrarle portillos, inútil esperarla llegando por el este, siguiendo al sol en su retirada, hasta que bajo un cielo púrpura apareció por la ventanita del baño un tono celeste oscuro y luego la penumbra, que como una ínfima franja se proyectaba en la pared, la noche reducida, tangible por así decirlo, la noche no era ya etérea, indómita, era una franjita en la pared del baño.

Nocturno

El cielo cae a gotitas

tras la ventana empañada.

Las luces de Zeus tonante

desgarran las nubes malva….

Los robles engendran palabras

en noches de esta calaña

así musitaron tristeza

y esta meciose en sus ramas.

Plenilunio


De rama en rama trepa la luna
la fronda del alto malinche
colgada como farola
o meciéndose, circense,
junto a su estrella compinche.

Lucero y luna, de rama en rama
van escalando, despreocupadas
mientras el árbol presta sereno
trémulos brazos para su juego.

Summer Fever

Behind the green curtain,

floating slowly in the air

the oak’s flowers are falling.

My back yard is covered

with their purple corpses

while the summer fever

is taken me over.

Tinkerbell

Recorrimos caminos del alba,
con las llantas apenas rozando la calle.
El raudo compás de un tango brutal
fue banda sonora
y guía el ringtone de Nirvana;
el día que acompañé a Campanita
a repartir polvo de hada.

Cuatro Plumas

El lento discurrir del tiempo,
en la noche insomne,
se marca con volutas de humo
en fantasmal viaje hacia la nada,
al negro absoluto que comienza
a unos palmos de mi cara.
Nunca temí la angustia de las horas boca arriba
esa que se apaga con pastillas,
-para no soñar diría Sabina-
No, es el aburrimiento lo que me fastidia,
el hecho de haber contado
- con la luz encendida-
los veintitrés cuadros de la marquesina
de leer ya dos veces la enciclopedia ajada;
de escuchar los mismos discos,
los mismos gatos taciturnos
-con la luz apagada-
y es a él, al aburrimiento,
al que achaco mi abuso del espíritu neutro de caña
pues, para efectos de sueño,
son más cuatro plumas en la cabeza de un indio
que quien sabe cuantas en alas de águila.
Y se juntan menos botellas alrededor de la cama
-son un problema con la luz apagada- .